Tendinopatía Aquilea: causas, deportistas afectados y solución fisioterapéutica en Madrid Fisiotecar
La tendinopatía aquílea es una de las lesiones más frecuentes del mundo deportivo y, al mismo tiempo, una de las que más dificulta mantener la continuidad en el entrenamiento. En nuestra clínica de fisioterapia en Madrid recibimos a lo largo del año a numerosos corredores, futbolistas, ciclistas y aficionados a actividades exigentes que llegan con una queja muy similar: dolor en la parte posterior del tobillo, inflamación local y dificultad para impulsar el cuerpo hacia adelante al correr o saltar. Aunque en muchas ocasiones el paciente no recuerda un momento concreto de lesión, sí describe una evolución clara de molestias que comienzan tras un periodo de sobrecarga, aumentan progresivamente y acaban impidiendo rendir con normalidad.
Esto se debe a que el tendón de Aquiles es una estructura esencial para el movimiento. Se trata del tendón más largo y resistente del cuerpo humano. Une la musculatura de la pantorrilla —los gemelos y el sóleo— con el calcáneo, el hueso del talón. Su función es transmitir al pie y al tobillo la fuerza generada por estos músculos, permitiendo acciones tan cotidianas como caminar, ponerse de puntillas o subir escaleras, pero también movimientos más explosivos como saltar o esprintar. Solo cuando el tendón falla comprendemos hasta qué punto dependemos de él para desplazarnos con normalidad.
El tendón de Aquiles tiene una particularidad que explica parte de su vulnerabilidad: está relativamente poco vascularizado. Es decir, recibe menos sangre que otros tejidos, lo que ralentiza los procesos de reparación. Si a esto añadimos que soporta grandes tensiones a diario, especialmente en personas activas, comprendemos que es más susceptible a sufrir daño por microtraumatismos repetidos. No es necesario un golpe o un gesto brusco para lesionarlo. Basta una combinación de entrenamientos intensos, cambios de superficie o de carga, calzado inadecuado y falta de descanso para que empiece a quejarse.
La lesión aparece, por tanto, de forma progresiva. Es muy habitual que el paciente comience notando una rigidez matutina que mejora tras los primeros pasos del día. Con el tiempo surge un dolor punzante al iniciar la actividad física que, curiosamente, puede disminuir cuando el cuerpo entra en calor y volver a aparecer con fuerza al terminar. La palpación revela sensibilidad local, en ocasiones engrosamiento del tendón, y la puesta de puntillas se vuelve molesta. Aunque estas molestias suelen respetar el reposo, el problema se agrava si el deportista retoma el ejercicio sin atender la causa.
Los perfiles más afectados por la tendinopatía aquílea comparten un elemento en común: una demanda elevada sobre el tendón. Los corredores urbanos constituyen el grupo más numeroso. El aumento de kilómetros, los entrenamientos en superficies duras como asfalto y la participación en carreras populares o maratones favorecen la aparición de esta lesión. Madrid, con su intensa vida deportiva, parques extensos y gran número de eventos de carrera durante el año, es un ejemplo claro de ello. También es habitual en futbolistas, ya que los cambios de dirección frecuentes, las aceleraciones y frenadas generan picos de tensión muy altos. Los jugadores de baloncesto y voleibol, por su parte, someten el tendón a esfuerzos explosivos durante el salto. Incluso los ciclistas pueden padecerla debido a la flexión plantar constante que exige el pedaleo.
Un grupo que vemos con frecuencia en consulta es el de personas que llevan tiempo sin hacer deporte y deciden retomar la actividad de golpe, inscribiéndose en un gimnasio o saliendo a correr con entusiasmo. Su musculatura no está preparada para soportar la carga y el tendón, sometido a una demanda brusca, responde con dolor. Por último, los deportistas de más de 35 o 40 años presentan una ligera pérdida de elasticidad en los tejidos, cambios en el colágeno y una capacidad de recuperación algo menor, por lo que están más predispuestos a desarrollar molestias.
La pregunta fundamental de todos los pacientes es la misma: ¿cómo se soluciona? El tratamiento más eficaz para la tendinopatía aquílea es la fisioterapia. La evidencia científica actual señala que el ejercicio terapéutico es el pilar de la recuperación. En nuestra clínica de fisioterapia en Madrid comenzamos siempre con una evaluación detallada. Es imprescindible entender el origen: analizamos la pisada, la capacidad de movimiento del tobillo, la fuerza de la musculatura implicada y los hábitos deportivos del paciente. Cada tendón lesionado tiene una historia detrás y un tratamiento personalizado.
En la fase inicial, cuando el dolor es más intenso, el objetivo es controlarlo sin caer en el reposo absoluto. La experiencia demuestra que la inactividad prolongada empeora la salud tendinosa. Necesitamos mantener una dosis adecuada de actividad, ajustada al nivel de tolerancia, mientras se controla la inflamación. Para ello utilizamos técnicas de terapia manual, crioterapia local, movilización de tejidos blandos y ejercicios isométricos que permiten mejorar el dolor sin exigir un acortamiento o estiramiento excesivo del tendón.
Una vez superada esta fase, comenzamos con la aplicación progresiva de carga. El tendón se fortalece cuando se le pide trabajar, siempre dentro de límites seguros. Los ejercicios excéntricos son una herramienta clave: consisten en realizar la parte de descenso del movimiento de forma lenta y controlada, lo que estimula al tendón a reconstruirse. Este tipo de trabajo, realizado durante varias semanas, está respaldado por numerosos estudios. Lo combinamos con ejercicios concéntricos, control de la técnica y trabajo de fuerza general del miembro inferior.
En casos de tendinopatía crónica, donde el tendón lleva meses o incluso años con molestias, complementamos el tratamiento con técnicas avanzadas que aceleran la regeneración. La electrolisis percutánea (EPTE o EPI) es una de ellas. Se aplica mediante una aguja fina guiada a la zona lesionada para estimular la reparación del tejido. También utilizamos ondas de choque cuando existe engrosamiento tendinoso o calcificación. Estas ondas aumentan la vascularización, favorecen la producción de colágeno y reducen el dolor. Ambas técnicas se combinan siempre con ejercicio funcional, ya que por sí solas no garantizan una solución completa.
Un aspecto que no puede pasarse por alto es la biomecánica. La forma de correr, el tipo de zapatillas y la pisada influyen directamente en cómo trabaja el tendón. Muchas personas mejoran simplemente ajustando su calzado o variando el tipo de superficie. Cuando es necesario, trabajamos con análisis de carrera y planteamos la opción de plantillas personalizadas.
La fase final del tratamiento, a menudo olvidada, es la readaptación deportiva. Aquí recreamos gradualmente los gestos específicos del deporte: saltos, cambios de ritmo, aceleraciones. El objetivo no es solo que el paciente deje de sentir dolor en reposo, sino que recupere la confianza para volver a correr, jugar o entrenar sin miedo a recaídas. Enseñamos a gestionar las cargas, planificar entrenamientos y escuchar las señales del cuerpo.
La duración de la recuperación depende del tiempo de evolución de la lesión. Los procesos agudos pueden resolverse en pocas semanas, mientras que las tendinopatías crónicas requieren entre dos y tres meses, e incluso más tiempo si hay degeneración severa del tendón. Pero lo importante es que la recuperación es posible. La mayoría de los pacientes vuelven a su actividad deportiva con resultados excelentes cuando siguen un plan personalizado y constante.
Durante este proceso no recomendamos abandonar la actividad física, sino adaptarla. La natación, la bicicleta suave o la elíptica pueden ser buenas alternativas temporales mientras el tendón se fortalece. Evitar de forma absoluta los saltos, los sprints o los cambios bruscos de dirección durante las primeras fases es clave para no sobrecargar la estructura.
Una vez superado el proceso, insistimos siempre en la prevención. Un tendón que ha sufrido una tendinopatía es más sensible y necesita un mantenimiento mínimo. Basta con incorporar ejercicios de fuerza para gemelos y sóleo, calentar correctamente antes de entrenar, usar calzado adecuado y no aumentar los kilómetros o la intensidad de manera abrupta. La educación del paciente es fundamental: entender cómo funciona el tendón y qué factores pueden sobrecargarlo es la mejor herramienta para evitar recaídas.
En conclusión, la tendinopatía aquílea es una lesión común entre las personas activas y especialmente entre los deportistas que realizan actividades de impacto. Su origen se encuentra en una combinación de sobrecarga mecánica, falta de adaptación progresiva y factores individuales como la técnica de carrera o la pérdida de elasticidad. Sin embargo, su tratamiento es eficaz cuando se aborda con fisioterapia, ejercicio terapéutico y una educación adecuada. En nuestra clínica de fisioterapia en Madrid trabajamos cada día con pacientes que buscan recuperar su rendimiento y volver a disfrutar del movimiento. Con un programa bien dirigido y progresivo, la mayoría de ellos logran volver a correr, saltar o entrenar con total normalidad.


